Felicia L Sol. Rabina. Congregación B'nai Jeshurun. Nueva York
La familia de Ruth. Sacerdotisa Anglicana.
María Teresa. Sant Benet de Montserrat, Barcelona
Felicia L Sol. Rabina. Congregación B'nai Jeshurun. Nueva York
La familia de Ruth. Sacerdotisa Anglicana.
María Teresa. Sant Benet de Montserrat, Barcelona
Teresa de Cepeda y Ahumada, que más tarde sería conocida como Teresa de Ávila o Santa Teresa de Jesús, también ocultaba esa "mancha", y su vocación era sincera. Pero, ¿de qué le servía entrar en un convento? Allí las monjas no sabían latín, porque nadie se lo había enseñado. ¡Recitaban sus oraciones sin entenderlas! La Iglesia prohibía traducir la Biblia, incluso escribir comentarios sobre ella. Lo único que tenían las monjas, y el resto de los cristianos iletrados, para acercarse a la Palabra de Dios, eran las homilías de la misa o los consejos del confesor. Las monjas ricas, que habían aportado una buena dote, tenía habitación propia, criadas, ¡esclavas!, y comían aparte. Las monjas pobres pasaban hambre. El convento era un aparcamiento de hijas no casaderas.
habría sido suicida). Fue perseguida por el Santo Oficio, y debió faltar poco para que la quemaran por hereje. Pero la hicieron santa. Quizá porque nadie podía negar la inspiración de sus escritos, aquellos que a punto estuvieron de ser destruidos. Debieron pensar, y alguien lo dijo, que tales palabras debían por fuerza proceder de Dios, porque era evidente que una mujer por sí sola no pudo idearlas. Pero tras su muerte fueron destruyendo lo que había creado, la libertad y la independencia de sus monjas.
Existe un tipo de laberinto que se puede llamar cretense. Suele tener siete vueltas, aunque a veces el número es mayor pero sigue respetando el diseño. El orden de circulación de las vueltas, desde el exterior, es 3-2-1-4-7-6-5. Este laberinto aparece en Creta y después en Grecia, en Roma y en todas las civilizaciones mediterráneas. Pero también en el norte de Europa, en la India y en representaciones artísticas de indios de Norteamérica. Se pueden hacer todas las especulaciones que se quieran, pero es un diseño muy preciso para que se deba a la casualidad. De alguna manera, este símbolo es tan poderoso que ha viajado por todo el mundo.
Artísticamente, la gran época de esplendor de los laberintos es la de las catedrales góticas. Principalmente en Francia, los suelos de las catedrales se enlosaron con maravillosos diseños de una complejidad y armonía espléndidas, aunque la mayoría han sido ya destruidos. Se dice que simbolizaban la peregrinación a Tierra Santa, para aquellos que no podían hacerla en persona, aunque es difícil explicar el por qué de tanta fascinación por un símbolo tan sospechosamente pagano. En el siglo XVIII triunfaron otra clase de laberintos, en los jardines y parques, pero estos ya corresponden a la primera categoría antes mencionada, son laberintos laberínticos, un juego decorativo nada más.
Andy Goldsworthy, artista británico nacido en 1956, escultor y fotógrafo, es un representante de ese estilo llamado land art, creación ligada a la naturaleza. Realiza la mayoría de sus obras en mitad de espectaculares paisajes naturales, obras efímeras que sólo se pueden conocer gracias a las imágenes que él mismo toma. Los
materiales son asimismo los hallados en el propio lugar, sin añadidos y apenas modificados: piedras, hojas, cortezas, hielo, tierra y agua. Son también materiales frágiles, de manera que la misma naturaleza que les da vida se la quita igualmente: el calor del sol, las mareas, los vientos… Más que una destrucción, es una asimilación de la creación humana,
una recuperación de la materia transformada. Para el artista, “la verdadera obra es el cambio”, el paso de las estaciones sobre sus obras es el verdadero arte. A veces, la manipulación es tan mínima que sólo una reunión llamativa por su regularidad o sus colores hace notar la mano humana, siguiendo la idea de que la
naturaleza es el mejor artista: su equilibrio, su armonía, sus texturas no pueden ser superadas por nada intencionado. Pero la necesidad de participar en la obra de la naturaleza, de incidir sobre aquello que le llama la atención, de entenderlo y adentrarse en ello, es lo que mueve a este artista.
El auténtico problema era su visión de mujeres religiosas libres e independientes. No transigió en las condiciones que la Iglesia le imponía para aceptar su orden, y finalmente en el año 1631 el Papa Urbano VIII emitió una bula de anulación de su Instituto. Como ejemplo de este texto vergonzoso, una acusación: “Libres de las leyes de clausura, van de un lado para otro a su gusto, bajo pretexto de promover la salvación de las almas, estando acostumbradas a emplearse en otros trabajos impropios de su sexo y carácter débil, de su modesta feminidad y particularmente a la reservada a las jóvenes, trabajos que hombres eminentes en las ciencias sagradas con experiencia de los temas y de vida inocente, los desempeñan con dificultad y con mucha cautela”.
Pero se hizo. Se les ha dicho que ellas no hacen nada, que todo lo hace una fuerza superior que viene de fuera y entra en ellas, y entonces, sin saber cómo, tienen a otra persona dentro. Ellas sólo son el recipiente, el envoltorio, el soporte; un objeto. Sólo son materia-mater-madre. De manera que las mujeres no tienen derecho a decidir nada, pues sólo son el medio de transmisión de la voluntad de los hombres, de la fuerza superior. Así que su cuerpo no les pertenece, ha sido tomado, alquilado, utilizado.
A Osiris lo mató su hermano Set, que después de algunos acontecimientos y para asegurarse, robó su cadáver, lo descuartizó y esparció los trozos por toda la tierra de Egipto. Pero su hermana-esposa Isis los recuperó, construyendo un templo en cada lugar donde encontraba uno, y después de unirlos devolvió la vida a Osiris, convirtiéndolo en la primera momia. El cuerpo del dios esparcido por la tierra la bendijo y la convirtió en sagrada. Realmente, dio la vida a Egipto. Se le suele representar de color verde porque es el dios de la vegetación, porque fue enterrado como una semilla y después volvió a la vida. Por eso, todo lo que nace de la tierra y germina procede de él.
Hoy en día las geishas se han convertido en un símbolo de Japón conocido en todo el mundo, pero quizá pocos extranjeros podrían reconocer a una oiran, aunque sólo la puedan ver en alguna representación de kabuki o en algún desfile histórico.
mo todo en la cultura japonesa, su sistema de vida estaba muy ritualizado, con su propio estilo artístico y su propio dialecto, originario de la época medieval. En
aquella época las geishas eran las que entretenían a los clientes mientras esperaban los servicios de las oiran. Pero las geishas eran más modernas, más divertidas, y los clientes las acabaron prefiriendo aunque no fueran prostitutas. Eso marcó el fin de las oiran, su estilo recargado quedó pasado de moda frente a la elegancia sutil de las geishas. He leído que la última oiran data del siglo XVIII, pero las fotos de esta entrada, que he encontrado en internet, deben ser como mucho del XIX. Además, en la autobiografía de Kiharu Nakamura, que fue geisha antes de la II Guerra Mundial,
se explica cómo acompañaba a sus clientes al barrio de Yoshiwara, donde les recibían las cortesanas. Las describe con la imagen de las oiran, aunque quizá no fueran ya más que un pálido reflejo.