jueves 25 de junio de 2009

Anna Boyé

"Estoy especializada en el reportaje social y de investigación, y la fotografía me ha ayudado a comprender el mundo en el que vivo. A través del reportaje conozco otras culturas, otras maneras de ver y sentir la vida, otros lenguajes. Me permite mirar en las personas y comprender la "diferencia", todo aquello lejano a mi. Por eso me fascina". Así es como se define la excelente fotógrafa Anna Boyé. Seguro que habéis visto fotos suyas sin saberlo, porque ha recorrido todo el mundo y ha retratado toda clase de situaciones, especialmente los rostros de gente que es única en su vida cotidiana. Sus últimos trabajos han sido: Un viaje a través del mundo de las religiones, del que muestro aquí algunas fotos, y Matriarcados, al cual pertenece el vídeo. Todos estos trabajos y muchos otros se pueden ver en su página web: www.annaboye.com

Felicia L Sol. Rabina. Congregación B'nai Jeshurun. Nueva York

La familia de Ruth. Sacerdotisa Anglicana.

María Teresa. Sant Benet de Montserrat, Barcelona

miércoles 17 de junio de 2009

Cristianos nuevos

La limpieza étnica y religiosa ocurrida en España a partir de 1492 tuvo consecuencias trágicas durante siglos. Trajo la Inquisición, para perseguir a los judíos que supuestamente aún practicaban su religión, el acoso constante a sus descendientes, las sospechas de "impureza de sangre", la exigencia de linajes limpios, la discriminación de quienes no los tenían o no podían pagárselos...
Se ha hablado mucho en los últimos tiempos del trágico destino de los sefarditas que tuvieron que dejar su país, pero ¿y la tragedia de los que se quedaron? Ocultando su mancha, falsificando documentos, intentando comprar su honra a cualquier precio. Convertidos en apariencia o en verdad, poco importaba. Pero sus descendientes, aquellos que fueron bautizados al nacer, que no heredaron la religión sino que entraron de nuevas en ella... son los que empezaron a preguntarse qué significaba ser cristiano, y qué tenía que ver el cristianismo con las instituciones que lo representaban.
Teresa de Cepeda y Ahumada, que más tarde sería conocida como Teresa de Ávila o Santa Teresa de Jesús, también ocultaba esa "mancha", y su vocación era sincera. Pero, ¿de qué le servía entrar en un convento? Allí las monjas no sabían latín, porque nadie se lo había enseñado. ¡Recitaban sus oraciones sin entenderlas! La Iglesia prohibía traducir la Biblia, incluso escribir comentarios sobre ella. Lo único que tenían las monjas, y el resto de los cristianos iletrados, para acercarse a la Palabra de Dios, eran las homilías de la misa o los consejos del confesor. Las monjas ricas, que habían aportado una buena dote, tenía habitación propia, criadas, ¡esclavas!, y comían aparte. Las monjas pobres pasaban hambre. El convento era un aparcamiento de hijas no casaderas.
Pero algo se movía entre esos descendientes de conversos. Beatas, iluminados, frailes y monjas que buscaban una experiencia directa de Dios, que lo sentían en su interior, como la "voz" de Teresa. Sabían que en su origen los monasterios habían sido otra cosa, aquello que deseaban: silencio, pobreza, oración meditada. Por ello Teresa inició su reforma del Carmelo, y recorrió los caminos, solicitada desde todos los rincones, fundando nuevos conventos, también masculinos. En ellos no se pedía limpieza de sangre para entrar (¡a eso habíamos llegado!), ni dote, sino auténtica vocación. A veces agasajada por los poderosos, a veces perseguida y maltratada: porque defendía que la oración ritual no vale, sino la del corazón, porque era una mujer y se atrevió a decir que Dios le hablaba, y a escribirlo (aunque siempre con el permiso de los confesores, lo contrario habría sido suicida). Fue perseguida por el Santo Oficio, y debió faltar poco para que la quemaran por hereje. Pero la hicieron santa. Quizá porque nadie podía negar la inspiración de sus escritos, aquellos que a punto estuvieron de ser destruidos. Debieron pensar, y alguien lo dijo, que tales palabras debían por fuerza proceder de Dios, porque era evidente que una mujer por sí sola no pudo idearlas. Pero tras su muerte fueron destruyendo lo que había creado, la libertad y la independencia de sus monjas.
Qué patético escenario, el de las órdenes religiosas conspirando unas contra otras. Qué irónico que en ese país supuestamente católico, los únicos cristianos verdaderos fueran los "nuevos", y tuvieran que emprender una lucha titánica para poder realizar su amor a Dios.
-Teresa de Ávila, biografía de una escritora, de Rosa Rossi. Icaria. Totum Revolutum, nº 23, 1984.

domingo 7 de junio de 2009

Ellos son así



Macanudo, de Liniers

sábado 16 de mayo de 2009

Laberintos

¿Qué es un laberinto? De todas las clasificaciones posibles, hay dos tipos que son definitivos: el laberinto de los pasatiempos, lleno de callejones sin salida, en que el camino se divide y obliga a elegir, a equivocarse y volver atrás, hasta encontrar el centro o la otra salida; y el laberinto de un solo camino, que recorre toda la extensión del mismo y que siempre conduce al centro. Lo curioso es que, aunque desde la antigüedad el laberinto se ha identificado con ese camino incierto y complicado que provoca desorientación, todos los laberintos representados o pintados, desde Creta, Roma y hasta la Edad Media y casi el Renacimiento, todos, son laberintos de un solo camino. Y estos son los que a mí me interesan.

Es difícil precisar cuándo y dónde se originó el laberinto. En grutas prehistóricas aparecen grabados en la piedra círculos, que se transforman en espirales, y en algún momento pasan a ser laberintos. Pero todo parece indicar que realmente su origen es Creta, una civilización tan enormemente antigua que pudo influir a pueblos que aún vivían en la edad de piedra, en todo el Mediterráneo, en toda Europa y en la posterior civilización griega, que alimentó sus mitos con ella. Existe un tipo de laberinto que se puede llamar cretense. Suele tener siete vueltas, aunque a veces el número es mayor pero sigue respetando el diseño. El orden de circulación de las vueltas, desde el exterior, es 3-2-1-4-7-6-5. Este laberinto aparece en Creta y después en Grecia, en Roma y en todas las civilizaciones mediterráneas. Pero también en el norte de Europa, en la India y en representaciones artísticas de indios de Norteamérica. Se pueden hacer todas las especulaciones que se quieran, pero es un diseño muy preciso para que se deba a la casualidad. De alguna manera, este símbolo es tan poderoso que ha viajado por todo el mundo.

Artísticamente, la gran época de esplendor de los laberintos es la de las catedrales góticas. Principalmente en Francia, los suelos de las catedrales se enlosaron con maravillosos diseños de una complejidad y armonía espléndidas, aunque la mayoría han sido ya destruidos. Se dice que simbolizaban la peregrinación a Tierra Santa, para aquellos que no podían hacerla en persona, aunque es difícil explicar el por qué de tanta fascinación por un símbolo tan sospechosamente pagano. En el siglo XVIII triunfaron otra clase de laberintos, en los jardines y parques, pero estos ya corresponden a la primera categoría antes mencionada, son laberintos laberínticos, un juego decorativo nada más.

Pero volvamos a la pregunta: ¿qué es un laberinto… para mí? Evidentemente los laberintos simbolizaron muchas cosas en muchas épocas, algunas me interesan y otras no. Si el laberinto de un solo camino siempre conduce al centro, ¿cuál es su interés? Evidentemente, no es el qué, sino el cómo. Un buen laberinto es aquel que sabe desconcertar al que lo recorre: nada más entrar parece que lo lleva casi al centro, pero luego vuelve a alejarlo, desde un extremo le hace dar toda la vuelta hasta el otro, lo sorprende hasta que de pronto, en una revuelta, lo lanza inesperadamente al centro. No sé nada de matemáticas, pero hasta yo me doy cuenta de la armonía, la simetría, la cadencia. Porque un laberinto es un enigma. Jamás es caótico, encierra un orden, un sistema, y ese es el que debemos descifrar. Cuando se ha llegado al centro, el enigma ha sido descifrado, el laberinto se ha convertido en un camino recto y comprensible, ya no existe. ¿Cómo se sale? Desde el centro la salida lógica es… hacia el cielo.

sábado 9 de mayo de 2009

Arte natural

Andy Goldsworthy, artista británico nacido en 1956, escultor y fotógrafo, es un representante de ese estilo llamado land art, creación ligada a la naturaleza. Realiza la mayoría de sus obras en mitad de espectaculares paisajes naturales, obras efímeras que sólo se pueden conocer gracias a las imágenes que él mismo toma. Los materiales son asimismo los hallados en el propio lugar, sin añadidos y apenas modificados: piedras, hojas, cortezas, hielo, tierra y agua. Son también materiales frágiles, de manera que la misma naturaleza que les da vida se la quita igualmente: el calor del sol, las mareas, los vientos… Más que una destrucción, es una asimilación de la creación humana, una recuperación de la materia transformada. Para el artista, “la verdadera obra es el cambio”, el paso de las estaciones sobre sus obras es el verdadero arte. A veces, la manipulación es tan mínima que sólo una reunión llamativa por su regularidad o sus colores hace notar la mano humana, siguiendo la idea de que la naturaleza es el mejor artista: su equilibrio, su armonía, sus texturas no pueden ser superadas por nada intencionado. Pero la necesidad de participar en la obra de la naturaleza, de incidir sobre aquello que le llama la atención, de entenderlo y adentrarse en ello, es lo que mueve a este artista.

viernes 1 de mayo de 2009

Mary Ward

Mary Ward (1585-1645) nació en York, Inglaterra, hija de una familia católica en plena persecución de Isabel I. Los sufrimientos y la constancia de su familia la llevaron a la vocación religiosa, por lo que tuvo que abandonar su país, donde ya no existían los monasterios, y trasladarse a Flandes. Allí su intención de entrar en un convento de clausura se transformó en una idea nueva; inspirada por la Compañía de Jesús, religiosos que daban importancia a la formación para convertirse en hombres valiosos y preparados que pudieran acudir a todos los frentes a defender su fe, Mary se dio cuenta de que hacía falta una institución similar para las mujeres. Empezó a fundar colegios para niñas con gran éxito acompañada de otras mujeres inglesas, a las que pronto se unieron nuevas vocaciones en el continente. No eran monjas ni querían vivir en clausura (la única vida religiosa a que podían optar entonces las mujeres) porque para su trabajo debían ser libres de moverse y tratar con la gente, pero habían hecho votos para vivir una vida religiosa. Era una forma de vida nueva, desconocida… desconcertante. Cuando Mary pidió la aprobación papal para su Instituto, se estrelló contra un muro insalvable.
El auténtico problema era su visión de mujeres religiosas libres e independientes. No transigió en las condiciones que la Iglesia le imponía para aceptar su orden, y finalmente en el año 1631 el Papa Urbano VIII emitió una bula de anulación de su Instituto. Como ejemplo de este texto vergonzoso, una acusación: “Libres de las leyes de clausura, van de un lado para otro a su gusto, bajo pretexto de promover la salvación de las almas, estando acostumbradas a emplearse en otros trabajos impropios de su sexo y carácter débil, de su modesta feminidad y particularmente a la reservada a las jóvenes, trabajos que hombres eminentes en las ciencias sagradas con experiencia de los temas y de vida inocente, los desempeñan con dificultad y con mucha cautela”.
No era Mary una radical ni una rebelde. Aceptó la anulación y el aparente fracaso del trabajo de toda su vida, pero continuó con su labor educativa aunque ella y sus discípulas fueran consideradas seglares y no recibieran ningún tipo de ayuda. Incluso fue acusada por el Santo Oficio y pasó algún tiempo encarcelada. Simplemente era de esas mujeres muy adelantadas a su tiempo, o quizá es que su tiempo iba muy retrasado con respecto a ella. Sólo una mujer así podía escribir: “No existe tal diferencia entre hombre y mujer. Así que no se enfría el fervor porque somos mujeres, sino… porque somos mujeres imperfectas y no amamos la verdad y vamos tras la mentira. “Veritas Domini manet in aeternum”, la verdad de nuestro Señor permanece siempre. No dice “veritas hominis”, la verdad del hombre o de la mujer, sino “veritas Domini”, la verdad del Señor; y esta verdad pueden poseerla las mujeres tan bien como los hombres. Si fallamos es porque nos falta la verdad y no porque somos mujeres…”. “Hasta ahora, los hombres nos han dicho lo que nosotras debíamos creer. Es verdad que nosotras debemos creer lo que nos dicen; pero permítasenos no ser tontas, y saber lo que nosotras debemos creer, sin aceptar bobamente que las mujeres no podemos llevar a cabo nada grande. Más todavía. Yo espero en Dios que en el futuro se han de ver mujeres realizando grandes cosas”.
Después de ella, se fundaron otras órdenes de religiosas y con el tiempo la Iglesia aceptó esta forma de vida. Su Instituto recibió la aprobación en el año 1877 y se ha desarrollado hasta hoy en día. Y desde su época las mujeres no han dejado de realizar grandes cosas.

-De "La jesuita. Mary Ward. Mujer rebelde que rompió moldes en la Europa del XVII", José María Javierre. Libroslibres. Historia, 2002.

jueves 23 de abril de 2009

Un universo entrelazado

Entre finales del siglo VI y principios del IX, se realizaron en monasterios de Irlanda, Escocia y norte de Inglaterra una serie de manuscritos, generalmente copias de los evangelios, que han quedado como obras maestras del arte de la miniatura. Sobreviviendo a lo largo de los siglos, algunos de estos espectaculares libros han llegado hasta hoy para maravillarnos con su espectáculo de color y técnica. No puede compararse su decoración con ninguna anterior ni posterior: típicamente celtas, sus espirales entrelazadas desafían cualquier tipo de análisis. Quien dice espirales dice nudos, redes, series, cenefas, milimétricamente simétricas, con una lógica interna que se desborda sobre la página y sobrepasa todo entendimiento, toda capacidad de la vista o de la razón, hasta llevar al sobrecogimiento y a la perplejidad.
Sólo dos letras pueden llenar toda una página, como es el caso de X y P, iniciales del nombre en griego de Cristo (XPISTOS). En la página 34 del Libro de Kells estas dos letras se han elaborado hasta ser irreconocibles y se han transformado en un universo entrelazado tan complejo que recuerda a un fractal: por más que se acerque la vista, la complejidad permanece. Se han encontrado hasta 158 entrelazados en 2’5 centímetros cuadrados de superficie…
Hasta el día de hoy, esta clase de geometrías no se han podido reproducir a mano. Hace tiempo leí un artículo de La Vanguardia en que un monje de Monistrol de Montserrat, experto calígrafo, explicaba haber construido un mecanismo que puede reproducir “las complicadas espirales interconectadas concéntricas, triplicadas y de un diámetro inferior a un centímetro”. Pero sobre todo abruma pensar en las desconocidas manos que los llevaron a cabo hace trece siglos, en su paciencia, en su entrega, y más aún en el por qué: de qué visión, de qué alucinación, de qué elaboración mental pudieron surgir estas formas inimaginables, inconcebibles e imposibles. Necesitaría a un Borges para que se adentrara en esta maravillosa materia.
El mencionado Libro de Kells se encuentra ahora en la biblioteca del Trinity College de Dublín. El otro gran representante de este género, el Libro de los evangelios de Lindisfarne, está en la British Library. Para quien quiera darse el gusto de hojearlo como si lo tuviera entre las manos, su página web ofrece maravillosas posibilidades.

miércoles 15 de abril de 2009

La verdad desnuda

Hay un derecho humano que me parece de los más elementales, aunque no sé si ha sido declarado como tal. Me refiero al derecho a poseer el propio cuerpo. No creo que pueda haber excepciones a un derecho así, es evidente que cada ser humano es el único propietario de su cuerpo. Es tan evidente que parece absurdo tener que recordarlo, pero a lo largo de la historia no se ha reconocido para millones de personas, ni aún ahora; hablo de las mujeres.
Las mujeres son capaces de hacer algo extraordinario: crean personas. Los hombres han de contribuir, pero son los cuerpos de las mujeres los únicos capaces de hacer el trabajo. No existe en el mundo una sola persona que no haya salido del cuerpo de una mujer. Si han dado la vida a toda la humanidad, eso debió otorgarles un poder enorme, indiscutible. Pero todos sabemos que es exactamente lo contrario. ¿Cómo se les pudo arrebatar un poder así?
Pero se hizo. Se les ha dicho que ellas no hacen nada, que todo lo hace una fuerza superior que viene de fuera y entra en ellas, y entonces, sin saber cómo, tienen a otra persona dentro. Ellas sólo son el recipiente, el envoltorio, el soporte; un objeto. Sólo son materia-mater-madre. De manera que las mujeres no tienen derecho a decidir nada, pues sólo son el medio de transmisión de la voluntad de los hombres, de la fuerza superior. Así que su cuerpo no les pertenece, ha sido tomado, alquilado, utilizado.
¿Es el árbol el soporte de sus ramas? ¿Acaso no es con ellas una sola cosa? Si las ramas pudieran desgajarse y echar a andar, entonces serían otro árbol. Las mujeres tienen el poder de crear personas. Las fabrican de sí mismas. Con su propio cuerpo hacen otro, y un día ese otro echará a andar y será otra persona, pero hasta entonces habrá un solo cuerpo, con un solo propietario. Es inverosímil la idea de que dentro de una persona aparece otra que no tiene que ver con ella, porque en ese caso la mujer no sería nada, un contenedor sin voluntad que ha sido ocupado y que ha quedado desposeído de sus derechos de propiedad, como si fuera posible ponerle cláusulas a un derecho así. Si se pueden hacer excepciones a la posesión del propio cuerpo, ¿por qué no a la de la propia vida, por qué no a su compraventa?
Y sin embargo para muchos este derecho parece discutible en el caso de las mujeres, convirtiendo su prodigiosa capacidad en una sumisión en lugar de un poder. Y yo digo que no se puede consentir. Que mientras no se reconozca a las mujeres el derecho a ser dueñas de su propio cuerpo, la humanidad se estará dañando a sí misma.
Cuadro de Gustav Klimt: La verdad desnuda, 1899

lunes 6 de abril de 2009

El dios muere y resucita

Le mataron, aunque era un dios. Fue enterrado pero volvió a la vida. Aunque es una historia habitual en muchas culturas, en este caso estoy hablando de Osiris.
Para la mayoría de la gente, la religión egipcia es ese pintoresco desfile de dioses con cuerpo humano y cabeza de animal, pero existieron varias formas de religión en Egipto, y ninguna tan simplista. La más trascendental, y para mí la más hermosa, es el mito de Isis y Osiris (en egipcio, Ast y Usir).
A Osiris lo mató su hermano Set, que después de algunos acontecimientos y para asegurarse, robó su cadáver, lo descuartizó y esparció los trozos por toda la tierra de Egipto. Pero su hermana-esposa Isis los recuperó, construyendo un templo en cada lugar donde encontraba uno, y después de unirlos devolvió la vida a Osiris, convirtiéndolo en la primera momia. El cuerpo del dios esparcido por la tierra la bendijo y la convirtió en sagrada. Realmente, dio la vida a Egipto. Se le suele representar de color verde porque es el dios de la vegetación, porque fue enterrado como una semilla y después volvió a la vida. Por eso, todo lo que nace de la tierra y germina procede de él.
La muerte de Osiris se celebraba con grandes festivales cada año. Una hermosa costumbre consistía en fabricar réplicas del cuerpo del dios, como dos moldes que se rellenaban de tierra y en los que se sembraban semillas de trigo o cebada. Cuando las semillas germinaban las dos partes del molde se unían y la figura se vendaba, se le colocaba su máscara funeraria y se introducía en su pequeño sarcófago. Después se inhumaba en un Osireion, los templos-tumba de Osiris. Estos Osiris vegetantes representaban la esperanza de que el poder germinador de las semillas, gracias al dios se extendiera hasta los creyentes sepultados y los condujera a la resurrección y a una nueva vida.
Llega la primavera, los nuevos brotes se abren, y hoy como en los tiempos pasados, los dioses mueren y resucitan…

miércoles 1 de abril de 2009

Oiran

Hoy en día las geishas se han convertido en un símbolo de Japón conocido en todo el mundo, pero quizá pocos extranjeros podrían reconocer a una oiran, aunque sólo la puedan ver en alguna representación de kabuki o en algún desfile histórico.
Desde la Edad Media hasta el siglo XVIII, las oiran triunfaron como cortesanas de alto rango, es decir, las prostitutas más caras. Las de más alto nivel trabajaban en la corte y eran llamadas Tayu. Como todo en la cultura japonesa, su sistema de vida estaba muy ritualizado, con su propio estilo artístico y su propio dialecto, originario de la época medieval. En aquella época las geishas eran las que entretenían a los clientes mientras esperaban los servicios de las oiran. Pero las geishas eran más modernas, más divertidas, y los clientes las acabaron prefiriendo aunque no fueran prostitutas. Eso marcó el fin de las oiran, su estilo recargado quedó pasado de moda frente a la elegancia sutil de las geishas. He leído que la última oiran data del siglo XVIII, pero las fotos de esta entrada, que he encontrado en internet, deben ser como mucho del XIX. Además, en la autobiografía de Kiharu Nakamura, que fue geisha antes de la II Guerra Mundial, se explica cómo acompañaba a sus clientes al barrio de Yoshiwara, donde les recibían las cortesanas. Las describe con la imagen de las oiran, aunque quizá no fueran ya más que un pálido reflejo.
Como también se ve por las fotos, la estética de las oiran es muy diferente de la de las geishas. Llevan kimonos de muchas capas y bordados espectaculares, con un gran obi atado por delante. También su peinado es muy recargado, con enormes adornos. Aunque solían permanecer en su barrio, para ciertos desfiles lucían unas espectaculares sandalias (geta) de hasta 30 centímetros de altura, con una forma de caminar muy característica.
Hoy en día por supuesto las oiran no existen como tal, pero sus artes se siguen practicando gracias a algunas mujeres que las han estudiado y aparecen en desfiles y festivales.